13 de Enero de 2008 , por Danuta Szarek - Traducción por Adolfo Escat
Cojines de meditación hechos a mano para viajar al centro espiritual del ser
Serie Emprendedores, Capítulo 9: El fabricante de cojines para yoga se beneficia del boom del yoga en Alemania.
Helge Breite era antes un buen ingeniero, "pero eso no fue más que un error", nos cuenta el hoy empresario de 59 años. Y no por falta de éxitos en su anterior profesión pues, a lo largo de su carrera profesional en algunas empresas de bastante renombre, dejó patentar hasta siete de sus invenciones. Al Sr. Breite le gusta inventar cosas que hagan la vida más agradable a los demás. Lo que no le gustaba de su anterior trabajo eran la presión por alcanzar el éxito, el estrés cotidiano y las hierarquías formales y estrictas. Su espiritualidad se resentía.
Hoy, sin embargo, Helge Breite se ha reencontrado consigo mismo. Diseña cojines de meditación y los fabrica en su propia manufactura llamada LifeArt, situada en la región renana de Aquisgrán. La mayoría de sus cojines son redondos y de unos 15 centímetros de altura. Los practicantes de la meditación se sientan en posición de piernas cruzadas sobre los mismos. "Ahora puedo decir que estoy satisfecho con mi trabajo", cuenta Helge.
Sus tres trabajadores cosen a mano y luego rellenan los cojines. Todo ello ocurre sobre unos terrenos pertenecientes a una antigua fábrica de paños, donde la hiedra invade las paredes de ladrillos rojos gastados por el tiempo. Los pedidos de cojines han subido dramáticamente porque cada vez hay mas personas que buscan en la práctica de la meditación un modo alternativo de relajarse y necesitan utilizar cojines especiales para sentarse. Pero aunque el trabajo apriete, el jefe y sus empleados siempre tienen tiempo para sentarse y tomar un té.
Helge nació en Münster pero su filosofía de la serenidad la trajo desde muy lejos. Tras sus estudios de ingeniería en Berlín y dos años de experiencia profesional, decidió hacer las maletas, cojer su furgoneta de estudiante y viajar a oriente. Llegó hasta la India, exploró el Himalaya y allí encontró a monjes budistas que le iniciaron en la meditación. Cuando volvió a Alemania encontró las cosas igual pero él era ya un hombre distinto y decidió renunciar a su carrera de ingeniero.
De vuelta a la India encontró a una mujer que cosía un cojín de meditación para ella misma. Y cuando se trata de la búsqueda espiritual de uno mismo, Helge posee asimismo un afinado olfato para los negocios. "Estos cojines podrían venderse a gran escala", pensó. De nuevo en Alemania Helge cosió él mismo sus primeros cojines y los vendió a librerías de temas esotéricos. Primero obtuvo clientes en su región renana y más tarde en el resto de Alemania.
Helge editó su primer catálogo cuando el surtido de productos alcanzó las 200 variaciones de formas, colores y tejidos. En el año 2000 se lanzó al comercio por internet. Su entrada en el comercio virtual marcó el final de sus aventuras en furgoneta. Después, y para hacer frente a la creciente demanda, trasladó la producción a una vieja carpintería situada en los terrenos adyacentes a una antigua fábrica de paños, contrató a dos trabajadores para el acabado y se ocupó desde entonces en adelante de la administración y de las ventas.
Una gran variedad de tapices de yoga reposan hoy ordenados sobre las estanterías del almacén. Hace 5 años LifeArt extendió su oferta de productos a los accesorios para la casa, los cosméticos naturales y los tés ayurvédicos para así doblar el volumen de negocio. Las mercancías se encuentran ahora también en un segundo almacén y el volumen de negocio debería doblarse de nuevo.
Helge explica que sus clientes se encuentran en "el segmento de las clases medias y acomodadas así como en círculos alternativos". Junto a clientes privados su clientela está compuesta por profesores de yoga, comadronas y profesionales de la salud que utilizan, cada vez más asiduamente, cojines de meditación y de yoga para ayudar a sus clientes a sentarse relajadamente y meditar. "Incluso las escuelas de adultos nos piden cojines de yoga para sus cursos de relajación", nos dice Helge.
Pero Helge no contó con las consecuencias de su éxito y con el hecho de que ya no podría ocuparse de su espiritualidad como solía. " Siempre hay mucho qué hacer. Pero pronto volveré a practicar la meditación como antes", explica.
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